Práctica 4: Gamificar o no gamificar, esa es la cuestión 🤔

Si nos preguntamos ahora mismo si debemos permitir o no el uso de dispositivos móviles en el aula, las opiniones en el ámbito educativo y en la sociedad son múltiples y variadas. 

Sin embargo, desde mi punto de vista está claro, la respuesta es sí, aunque con un pequeño matiz: ¿cómo y para qué exactamente? y para explicar mi postura, me gustaría hablar de una nueva metodología activa e innovadora: la gamificación.

El uso de los móviles en la actualidad es una realidad en el ámbito juvenil y en la sociedad. Por tanto, la lógica nos hace plantearnos si es beneficioso implementar nuevas metodologías educativas que incluyan este tipo de dispositivos, aunque siendo conscientes de las ventajas y de los inconvenientes que esto conlleva.


Por una parte, hemos comprobado en su fase inicial, que la gamificación en el proceso de enseñanza-aprendizaje es efectiva en nuestro alumnado por tres factores principales: la motivación, la participación y la asimilación de conocimientos. 


Gracias a la utilización de dispositivos móviles en el aula, las clases tradicionales unidireccionales (docente -> estudiante) han podido convertirse en una nueva manera de aprender más participativa, interactiva y atractiva.


Cabe mencionar que la gamificación también fomenta la colaboración amigable y menos competitiva entre el alumnado, por ejemplo cuando se trabaja por equipos. Además, se puede adaptar a cualquier tipo de contenido y a cada estudiante de una manera individualizada y flexible para cada ritmo y estilo de aprendizaje.

 

Sin embargo, por otra parte, existen algunos desafíos que tenemos que afrontar para poder utilizar esta metodología. Por ejemplo, las distracciones que puede causar en clase debido a su naturaleza lúdica, la brecha digital y social existente, y las consecuencias contraproducentes de un uso excesivo de ella.


En mi opinión, lo más conveniente sería utilizar distintas metodologías, técnicas y estrategias educativas con el propósito de ofrecer al alumnado una mayor variedad de posibilidades a la hora de aprender. (Si se acostumbran a una única, suelen acabar perdiendo el interés).

 

Además, creo que como docentes, debemos garantizar el acceso a dispositivos móviles por igual a todo nuestro estudiantado (por ejemplo, disponiendo de ellos en el centro para quien lo necesite) y, al mismo tiempo, ser coherentes en cuanto a los objetivos educativos planteados, manteniendo un equilibrio entre diversión y aprendizaje. 

 

Asimismo, es esencial que dispongamos de una formación adecuada que nos permita utilizar esta metodología de forma efectiva y, a su vez, es fundamental que seamos capaces de evaluar no solo al alumnado sino también a nosotros mismos para poder realizar los ajustes o mejoras necesarios.

 

Como conclusión, la gamificación me parece una metodología indispensable y necesaria en la educación y debe ocupar un lugar privilegiado en el repertorio de estrategias de cada docente, ya que nos permite motivar y explotar al máximo el potencial de todas/os nuestras/os estudiantes.

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