La casa tomada
Parafraseo a García Márquez cuando decía que, en vez de obligar a los niños a estudiar en el conservatorio, lo más sensato era establecer una dinámica de atracción: si te apetece que tus vástagos aprendan a tocar el piano, no se lo impongas. Sacar armonía de un teclado es vocacional, por lo que el de Aracataca recomendaba como más eficaz colocar en un sitio protagónico del salón de casa uno de estos elefantiásicos instrumentos. El niño lo tendrá en su campo de percepciones, reparará en él, un día se izará hasta el taburete, otro se pillará los deditos con la tapa de las teclas. Y así una suerte de situaciones de familiarización, hasta que en el momento menos esperado escucharás que de la cola comienzan a emerger notas musicales torpes y débiles. Será el instante cuando la criatura sabe que allí se esconden sonidos que percuten y pueden hilvanarse en hermosas melodías. Y tú puedes ejercer de guía educativo e inscribirlo en la clase de música. No ha sido un proceso preceptivo ni de imposición. Más bien se ha producido un convenio tácito al que el infante ha arribado por sus propias decisiones.
Igual de eficaz puede ser que tus hijos te vean leer, en la tumbona, en el sofá, en la cama del dormitorio principal. Su intuición y sentidos le permitirán adivinar que ese objeto que hojeas y que te mantiene en silencio y expectante, lo has extraído de las estanterías llenas de otros ejemplares, a las que, de tarde en tarde, te aproximas para tirar por el lomo uno de los tantos volúmenes. El modelaje se ejerce tanto para los hábitos nocivos (fumar, beber alcohol) como para los que reporten beneficios a largo plazo. Intercambia entre los juguetes que le regalas en fechas señaladas libros que puedan despertar su interés por la literatura. Contribuyes a que su formación sea polivalente, y que leer se convierta en una experticia más.
Julio César Aguilera



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